RETAZOS DE UN PSEUDOSUEÑO
Aún te veo, en cada cuerpo femenino que engendra tus gestos,
tu mirada de gato, tu olfato inquieto y tus brazos plegados hacia
tu cintura como una exquisita botella de Bordeaux.
¿Cómo negarlo?
Aún te veo prendida en la taza de café que levanto con devoción
desmedida en las mañanas. Al alzarla ¡temo que caigas!
¿Cómo negarlo?, ¿Cómo negarlo?
Te veo pero sólo en retazos de mis pseudosueños,
en la lluvia que retorna cansada en forma de vapor
hacia el cielo estrellado.
Te veo; si te veo, en la comedia de dos enamorados que
parecen unirse al filo de esta angosta calle.
¿Cómo negarlo?
Te veo como delirio que me acusa, como engendro
malévolo que desgarra mis pies y me acobarda.
Me asomo entre las hojas, rozando su clorofila, sus
delgadas venas. Y en el término. ¡Temo que caigas!
Te veo y en impulsos de muerte te esfumas, por aquella
calle pisando el carrasposo pavimento, reflejando la carne
de tus labios en la vitrina, al compáz de los infelices
maniquíes que parecen reírse de mí.
Te vas, ¿cómo negarlo?
Te vas encarnada en una luna liviana que parece alejarse
como danza medieval, hasta un planeta rojo donde alguien
parece gritar con ecos de plaga, con murmullos de ardor
presintiendo un olvido.
























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